
Capítulo III (1ª parte)Llovía en el bulevar cuando José abrió los ojos en el diván del Café de la Noche. A través de las filas de sillas alineadas patas arriba encima de las mesas, José pudo contemplar el triste espectáculo de la lluvia a la luz somnolente de las siete de la mañana. Para una sensibilidad noble, como la de José, aquella era una de las visiones más depresivas de su ya larga vida de exilado. Lo más desagradable fue darse cuenta de que...